Anda que no es grande esto… Para un tío de pueblo como yo, esto es totalmente desmedido. Y lo peor de todo es que voy a acabar con esguince cervical de tanto mirar para arriba. Bueno, y de frente porque el tráfico es la leche y los camiones de la basura son como trailers. 
Después de tirarnos 24 horas sin dormir, y pasar en el hotel escasas 6 horas -planta 18, por cierto, qué suerte tenemos-, nos hemo
s levantado para apretarnos el desayuno “ligerito” que subió Garci en el post anterior y visitar la tienda de B&H… TRE-MEN-DO… estos tipos han implementado los tubos de Futurama para llevar los gadgets de un sitio a otro por toda la tienda. Es acojonante. Que quieres un mando inalámbrico para la reflex? Pues nada, se lo dices a uno de los cienes de judíos que hay despachando, lo teclea en el ordenador, una maquinita se lo trae, te lo enseña, te da un recibo, y lo vuelve a dejar en una cajita para que vuelva a su sitio. Al final, tú te vas a la caja con tus códigos de barras impresos y antes de que digas Pamplona y con la Visa aún echando humo, tienes todas tus compras en una bolsita que llega desde las profundidades del averno… Con esto, me queda claro y meridiano porqué los judíos son una raza superior. Han nacido para hacer negocios… y los hacen muy bien. Con deciros que la mayoría ya chapurreaban español. Por algo somos la última plaga de la city… nos ven cara de euro.
Una vez hechas las compras de rigor, vuelta al hotel para descargar mercancía y rumbo a Canal Street. Visita a China Town. Cuánto chino repartido por el mundo, diablos. Comemos en el Bo Ky Restaurant por recomendación de la Lonely Planet. Yo creo que los pobres autores de estas guías pasan más hambre que los pavos de Manolo, pero es sólo una apreciación personal. Cuando entramos éramos los únicos occidentales del local, con eso ya os podéis hacer una idea del tipo de garito del que hablamos. Tela fina. La comid
a, pues distinta a todo chino conocido, bastante aceptable para todos menos para Sergio, que las chinadas como que no puede con ellas. Bastante que no nos tiró los fideos por la cabeza.
Lo de China Town es de otra galaxia… de las cosas que más me llamaron la atención es que es una raza viejuna donde las haya… hay auténticas hordas de ancianos haciendo sus compras por los puestos. Pero viejos de más de 150 años… Yo creo que es la alimentación: las setas y el gingseng y todas las hierbas y raíces que se meten pal cuerpo, sin duda… En uno de los puestos había un cubo repleto de sapos como de medio kilo… y vivos. No quiero ni imaginar qué coño harán con ellos, y yo soy de los que comen grillos, pero había que ver semejantes batracios… Que los chinos son de estómago agradecido vamos. Pero China Town es un mundo aparte. Me gustaría investigarlo un poco más, a ver si tenemos tiempo suficiente. Para hacer la digestión, nos fuimos a The Original Chinatown Ice Cream Factory, en la que los “Regular Flavors” eran cosas como lichees, sésamo negro, jengibre o wasabi, y los “Exotic Flavors” eran chocolate, fresa y vainilla… para partirse la caja. Yo comí uno de sésamo negro y zen butter (¿?) que estaba bastante bueno, pero ya he dejado patente que mi paladar es cuando menos atípico.
Y ya con el buche lleno, pues qué mejor plan que cruzar el puente de Brooklyn con toda la solana. Cruzar el puente de Brooklyn requiere entrenamiento de mediofondista. Ni sé los kilómetros que habrá de punta a punta. Y encima ahí hay más gente que en la guerra, esquiva bicis, saca fotos (las tuyas y las de los demás)…
En fin, toda una experiencia. Al final, la recompensa es llegar al parque que hay entre el puente de Brooklyn y de Manhattan, Empire-Fulton Ferry State Park, un sitio bastante tranquilo y recomendable. Las vistas del skyline también merecen la pena, aunque nosotros no fuéramos a la mejor hora.
De vuelta al hotel asomamos un poco el hocico a Central Park, pero poca cosa porque se hacía de noche, así que ya haremos un repaso más completo cuando volvamos. Después de la correspondiente ducha para quitar el olor a chotuno que traíamos, una cena también ligerita en el Carnegie Deli, que parece ser es toda una institución en la ciudad. La cosa consiste en que matan un vaca por cada deli-sandwich y te la meten entre 2 panes. Hay que joderse con la comida kosher… Si algún día váis, veréis de lo que os hablo.
Por cierto, ponen 2 tipos de pepinillos. Los de color verde claro están malísimos y ni dios se los come, pero los tíos siguen insistiendo y ponen de los 2. No pudimos probar la cheesecake porque después de la carnicería íbamos más prietos que las tuercas de un submarino. Garci dice que mañana desayuna fruta… jaja.
Bueno y ahora ya en la “Suite Siberia” del hotel (tienen el aire acondicionado a todo trapo) alguno ya está roncando y en Madrid son las 6 A.M… Aarriba excursionistas!
P.S. Si alguien ve a mi madre que le diga que estoy bien, que se me ha olvidado llamarla