Otro día frenético en la ciudad… La idea era darse una vuelta para ver lo que nos faltaba del barrio, y así empezamos. Fuimos hasta Grand Central Station, que como su nombre indica, y aunque esta gente lo diga todo al revés, es una estación, en el centro y grande. Muy bonita, mucho techo, mucho mármol y mucha banderita… estoy empezando a saturar ya de barras y estrellas, la verdad, están en todas las esquinas, fachadas, farolas, tiendas, estaciones… como en España vamos
. Después fuimos hasta Saint Patricks, que viniendo uno de León, pues qué queréis que os diga, eso tiene de catedral lo que yo de pianista. No entramos porque nuestra religión nos lo prohíbe. Después pasamos por el Moma, y digo bien, porque como buenos impostores que somos, aún no hemos pisado el interior de un museo. Nos las damos de modernos y tal, pero luego lo vemos todo por fuera, le hacemos unas fotos, y a clavar la siguiente chincheta. Eso y que necesitas una vida entera para poder ver todos los sitios en condiciones. Y en esta ocasión sólo tenemos 7 días. Quizás en otra vida… La maratón continuó en la Apple Store de la 5ª. Ni siquiera aquí entramos, pero esta vez para evitar lamentos posteriores…
Con las mismas nos llegamos a Central Park. Insisto, anda que se han devanadado los sesos para poner los nombres a los sitios. Sin embargo, lo de los numeritos de las calles que yo pensé que iba a ser un coñazo está muy bien, al segundo día ya sabes aproximadamente dónde esta la 23 con la octava, y a la hora de pedir indicaciones es de lo más útil, por muy zote que seas. Bueno, pues nos alquilamos unas bicicletas y Central Park parriba, Central Park pabajo. Sergio y yo casi echamos el bofe. Garci como está fondón, pues también. El parque flipante. Todo Manhattan se va allí a tirarse al césped a comer, a dormir la siesta o a jugar al frisbee. Los turistas montamos en barca y sacamos fotos. La próxima vez hay que llevarse la manta y la cesta de picnic como el oso Yogui… Lo cierto es que lo tienen bien aprovechado, da mucha envidia tener un sitio así.
Como la bici nos había abierto el apetito, decidimos ir a cenar una hamburguesaza para regular nuestros niveles de colesterol, que no todo va a ser comida sana y ele-caseis-inmunitas. Y ya de hacerlo, pues hacerlo a lo grande. En el Paul’s del East Village. El garito no tiene desperdicio, camarera incluída. Yo creo que es el sitio más auténtico de todos en los que hemos estado. Las hamburguesas en el sistema métrico no tengo ni idea, pero creo que ellos a eso le llaman media libra de carnaza, a lo que hay que sumar: bacon, jamón, champiñones, queso, pepinillos, lechuga, tomate, cebolla y patatas fritas. Qué lagrimones… y qué sudores para terminarla. Total, que con las mismas, nos replegamos sobre nosotros mismos y nos fuimos rodando al hotel.
Y hasta aquí otro día más de sufrimiento y penurias… Qué poco nos queda, hay que joderse…










Pero esto qué es!!!! Un blog de viaje o del Arguiñano!!!. Garci, cuando envies la postal de rigor (no se te vaya a olvidar), que no sea de una hamburguesa por Diossss.
La próxima visita a Nueva York para cuando sea la maratón, que ya veo que os estais preparando para ello. Aprovechad al máximo que ya os queda poquito, y sobre todo aprovechad el cambio euro/dolar y llenad hasta arriba esas maletas vacías.
P.D: Garci, no hagas muchos excesos a ver si voy a tener que ir solo al concierto de Coldplay
Rubén… Ferrán Adriá es más cool.
Que estos ya no comen cualquier comida del Carreño!!!
Ala, atomic bomb, Bush, terrorist, attack
P.D. Si os detienen habré podido comprobar que Echelon existe y de paso regalaros unos cuantos de dias más en New York.